InstitutoSagrado Corazón de Jesús
← Volver al sitio Esto es para ti, no para tu familia

Si tú eres quien está lidiando con esto, aquí no te vamos a juzgar.

No importa cuántas veces lo hayas intentado antes, ni qué tan lejos sientas que estás. Nadie más tiene que enterarse de que entraste aquí. Es tu decisión, a tu paso.

Sabemos lo que probablemente estás pensando

Que si pides ayuda, es porque ya "perdiste". Que te van a encerrar. Que todos se van a enterar. Que no vas a poder con las ganas. Que es más fácil seguir como estás.

Ninguna de esas ideas te está ayudando a decidir bien. Vamos a aclarar algunas, sin adornarlo:

Lo que se piensa
"Es como una cárcel, te encierran y ya."
Lo real: tienes voz en tu propio proceso. Hay internamiento y también consulta externa — depende de tu caso, no de un castigo.
Lo que se piensa
"Todo el mundo se va a enterar."
Lo real: lo que pasa aquí es entre tú y el equipo que te atiende. Tú decides qué le cuentas a quién, y cuándo.
Lo que se piensa
"Si voy, es porque ya fallé."
Lo real: pedir ayuda es de las decisiones más difíciles que existen. No es debilidad, es la parte más valiente.
Lo que se piensa
"Ya lo intenté antes y no funcionó."
Lo real: recaer no es empezar de cero. Cada intento te deja algo. Aquí no se trata de si fallaste antes, sino de qué haces con esto ahora.

Lo que sí te podemos decir

En el Instituto la política es cero maltrato — no golpes, no humillaciones, no gritos. Eso está exhibido de forma visible en el propio centro, para que se sostenga siempre, no solo cuando alguien está viendo.

El equipo que te va a atender está certificado en adicciones, y hay atención médica y psiquiátrica todos los días, no solo terapia de grupo.

No tienes que decidir "internarme para siempre" hoy. Puedes empezar solo con una llamada, para escuchar tus opciones, sin comprometerte a nada todavía.

Cuando estés listo, aquí estamos.

Puedes escribirnos directo tú, sin que nadie más tenga que hacerlo por ti. Nadie te va a presionar en la primera llamada — solo queremos escucharte.

Escribirles yo mismo/a →